Pide cita online o por teléfono WhatsApp Llámame · 607 311 414
Open Mind

↑↓ moverse · Enter abrir · Esc cerrar

Ansiedad

Ansiedad laboral: trabaja sin que el trabajo te destruya

El trabajo no debería costarte la salud mental. Si cada mañana sientes que no llegas, esto es para ti.

¿Te suena?

Llegas el lunes con el cuerpo ya agotado de solo pensar en lo que te espera. No has hecho nada todavía y ya sientes que vas tarde.

Eso no es que seas débil. Ni exagerado. Ni que “no sepas gestionar el estrés”.

Es que algo está fallando. Y lo llevas cargando tú solo desde hace demasiado tiempo.

El domingo por la noche ya no es domingo.

Es esa hora en que el estómago se tensa, la mente empieza a repasar todo lo que tienes pendiente y una voz interna te dice que mañana vas a fallar. Otra vez.

No estás exagerando. No eres débil. Lo que describes tiene nombre: ansiedad laboral. Y afecta a muchísima más gente de lo que se habla en voz alta.

¿Cómo sé si lo que siento es ansiedad laboral?

No siempre llega con un ataque de pánico. A veces es más silenciosa, más tramposa.

¿Te identificas con alguno de esto?

– Llegas al trabajo ya cansado, antes de empezar

– Revisas el correo fuera de horario “por si acaso”

– Sientes que nunca haces suficiente, aunque hagas mucho

– Te cuesta concentrarte porque tienes mil cosas en la cabeza a la vez

– Tienes miedo constante a meter la pata o a que descubran que “no eres tan bueno”

– Tu cuerpo acusa el estrés: tensión en el cuello, dolores de cabeza, insomnio

Si has dicho sí a varios, no es que seas ansioso de naturaleza. Es que algo en tu entorno laboral — o en cómo lo estás gestionando — te está costando más de lo que debería.

El síndrome del impostor y el perfeccionismo: la trampa perfecta

Hay dos patrones que aparecen una y otra vez en la ansiedad laboral, y que se retroalimentan mutuamente.

El primero: el síndrome del impostor. Esa sensación de que en cualquier momento alguien se va a dar cuenta de que no sabes lo que haces. Que tus logros son suerte. Que no mereces estar donde estás. Aunque tengas años de experiencia. Aunque te hayan contratado precisamente por tus capacidades.

El segundo: el perfeccionismo paralizante. No es querer hacer las cosas bien — eso es sano. Es no poder entregar nada porque nunca está lo suficientemente bien. Es empezar diez veces la misma tarea porque ninguna versión te convence. Es la procrastinación que viene del miedo, no de la pereza.

Juntos forman un bucle agotador: nunca llegas a sentirte suficiente, así que trabajas más para compensarlo, y cuanto más trabajas, más ansioso estás.

Y esto tiene un coste físico real. Tu cuerpo no distingue entre un peligro real y una reunión con tu jefe que te da miedo. Activa la misma respuesta de estrés. Y si eso ocurre durante meses, el desgaste es enorme.

Presentismo: estar sin estar

Hay una palabra que se usa cada vez más en salud laboral y que describe algo que quizá reconoces: presentismo.

No es faltar al trabajo. Es lo contrario: ir aunque no estás bien. Ir aunque rindes al 40%. Ir aunque tu cabeza está en otro sitio porque el agotamiento no te deja funcionar.

Durante mucho tiempo se habló solo del absentismo. Pero el presentismo tiene un coste igual o mayor, tanto para la persona como para la empresa. La diferencia es que es invisible.

Y lo sostienes tú solo. Sonriendo en las reuniones. Diciendo que estás bien. Aguantando.

Esto no es sostenible. No porque seas débil, sino porque ningún cuerpo ni ninguna mente están diseñados para funcionar en modo alerta constante.

¿Qué puedes hacer tú? (Y qué no depende de ti)

Aquí viene algo importante, y quiero ser honesto contigo: no todo se resuelve con técnicas de gestión personal.

Si tu empresa exige lo imposible, si el ambiente es tóxico, si tu jefe normaliza el maltrato o la falta de límites, ninguna app de meditación va a arreglar eso. El problema, en ese caso, no eres tú. Es el entorno.

Dicho esto, hay cosas que sí puedes trabajar desde dentro:

Ponle nombre a lo que sientes. Parece simple, pero reconocer “esto es ansiedad laboral” ya cambia algo. Deja de ser una señal de que eres menos capaz y se convierte en información útil.

Aprende a distinguir entre urgente e importante. La mayoría de las cosas que sientes que tienes que hacer ya no son tan urgentes cuando las miras con distancia. Hacer una lista al principio del día y decidir conscientemente qué haces primero reduce mucho la sensación de que todo es un incendio.

Cuida las señales de tu cuerpo. La tensión muscular, la respiración corta, los dolores de cabeza no son “efectos secundarios” del trabajo duro — son avisos. Aprender a escucharlos antes de que se conviertan en un problema mayor es una forma real de autocuidado, no una debilidad.

Pon límites concretos, no abstractos. No “voy a desconectar más”. Sino: a las 19:30 cierro el ordenador. El fin de semana no contesto correos del trabajo. Esto es concreto, medible y sostenible.

Habla de ello. El silencio tiene un coste enorme. En 2025, más de 100 empresas en España se sumaron a la campaña Trabajar sin máscaras. Emplear sin barreras, precisamente porque la salud mental en el trabajo sigue siendo un tabú que cuesta vidas. Cada vez hay más espacios donde esto puede hablarse — y si el tuyo no es uno de ellos, quizás eso también dice algo sobre el entorno en el que estás.

Por dónde empezar hoy

No necesitas cambiar todo a la vez.

Elige una sola cosa de esta lista y hazla esta semana:

  1. Escribe tres cosas que hiciste bien al final de cada jornada, por pequeñas que sean. No para presumir — para entrenar a tu cerebro a ver lo que sí está funcionando, no solo lo que falta.

  2. Habla con alguien de confianza sobre cómo estás en el trabajo. No para que te solucionen nada, sino para no cargarlo solo.

Y si llevas tiempo sintiéndote así, considera hablar con un psicólogo. No porque estés roto. Sino porque tienes derecho a trabajar sin que eso te cueste la salud.

El trabajo ocupa una parte enorme de tu vida. Merece la pena que no sea a costa de ti.


Antes de cerrar

Si mientras leías esto has pensado “esto soy yo” más de una vez, no lo ignores.

No porque estés roto ni porque necesites que te arreglen. Sino porque llevas demasiado tiempo gestionando esto solo, y a veces hace falta que alguien te ayude a ver desde fuera lo que desde dentro ya no se ve bien.

En consulta trabajamos con Terapia Cognitivo-Conductual, que es una forma muy concreta y práctica de entender qué está pasando y qué puedes cambiar — sin vueltas, sin teorías raras, sin que te digan que “respires hondo”.

Si te has sentido identificado, cuenta conmigo. Sin juicios ni reproches.

Esto le pasa a más gente de la que imaginas

Sara tiene 34 años y trabaja en una agencia de comunicación desde hace seis. Cuando entró en mi consulta, lo primero que me dijo fue: “Yo no sé si esto es ansiedad o es que soy mala en mi trabajo.”

Le pregunté a qué hora solía apagar el ordenador.

“Pues… depende. Muchas veces a las diez, once de la noche. Pero es que si no lo hago yo, no lo hace nadie.”

Le pregunté cuándo fue la última vez que un fin de semana no pensó en el trabajo.

Se quedó callada un momento. “No me acuerdo.”

Y eso era lo que más le dolía: no que le faltara talento, sino que ya no sabía quién era fuera de su trabajo. Había ido dejando todo lo demás — las quedadas, el deporte, incluso el sueño — para dar más. Y seguía sin sentirse suficiente.

Eso es lo que hace la ansiedad laboral cuando se instala de verdad: no solo te agota. Te convence de que el problema eres tú.

Si te estás reconociendo en esto, aquí te cuento cómo funciona la terapia para la ansiedad.

← Todo sobre ansiedad